Introducción

Una de las cuestiones que más dificultades conlleva en las escuelas es trabajar con alumnos que no despiertan en los adultos precisamente un sentimiento de empatía, en parte debido a que aquellos alumnos que más dificultades tienen son aquellos que más despiertan sentimientos negativos, como ira, frustración, desesperanza, etc. Además, ese tipo de alumnos son los que nos incitan a pensar que son desobedientes, indisciplinados, desmotivados, malhumorados, maleducados, etc. Con lo cual, si no tenemos buenas capacidades auto regulativas, comprensión y ofrecemos soluciones, es posible que estos alumnos nos contagien y nos inviten a formar parte de las espirales negativas a las que están acostumbrados. El problema de trabajar con estos alumnos que son “difíciles de querer”, ya tengan diagnóstico o no, es precisamente que tenemos que buscar una forma de quererlos. A veces la distancia que nos separa de ellos es irreconciliable, no obstante, os invito a leeros este artículo para ver cómo influyen diferentes actitudes y acciones. Personalmente creo que el mejor punto de partida es intentar no contagiarnos con los sentimientos de estos alumnos y utilizarlos para comprenderlos mejor. Este esfuerzo por comprenderlos nos ayudará a quererlos.

No obstante, no voy a ser yo quien os hable de esto en este artículo, sino Felicia Sánchez Hermansson, una pedagoga que ha trabajado en diferentes colegios en Suecia, incluso en uno de los colegios finlandeses más reconocidos (Gripsholm School), y que sabe lo que implica trabajar con estos alumnos “difíciles de querer”.

Caso Emilio

Después de 10 años trabajando como profesora en varias escuelas, tanto suecas como una finlandesa, puedo decir que tengo bastante experiencia en trabajar con diferentes tipos de personalidades, problemáticas y necesidades educativas. Algunos alumnos han dejado sus huellas más que otros y Alberto me ha pedido compartir algunas situaciones de interés común.

Uno de estos casos es Emilio. Emilio es un joven que desde muy pequeño se vio que tenía dificultades de aprendizaje. Se le obligó a repetir un año de estudios pero no se implementó ningún tipo de apoyo extra, detalle que causó que no aprobara y que se le fuera apagando su fuego interior. Con esto quiero decir que se le apagó la motivación de intentar y querer aprender, es decir, que su situación le superó porque no le resultó nada comprensible. Estaba acostumbrado a fracasar, es lo que se esperaba de él y es lo que él dio. No dio guerra en clase, no molestaba, solo estaba presente sin participar y demasiado tarde su tutor se dio cuenta y terminó en un pequeño grupo de enseñanza especial. O sea, terminó con mi compañera Ana y conmigo.

Estaba destrozado como alumno. Se había rendido y se identificaba como un fracasado escolar. No tenía ganas ni confianza en él mismo. Estaba haciendo tiempo para salir de la educación obligatoria, no era violento (descontando alguna situación comprensible) pero se identificaba y fue un niño “chungo” en el sentido de que fumaba, bebía, conducía su moto a lo loco, etc. Venía de una situación familiar difícil con falta de interés y conocimientos para llegar a él.

En esa situación es difícil entrar en la vida de un adolescente y pretender hacerle cambiar y seguir adelante con otra actitud. No fue fácil y lo primero que tuvimos que hacer fue quererle, o mejor dicho convencernos de quererle y buscar esos puntos de encuentro e interés común. Tuvimos que tragar muchos de nuestros propios prejuicios y esforzarnos por quererle. Y recordarnos constantemente la importancia de la alianza y mostrar nuestro interés por él. Nos saltamos reglas y normas para llegar a él, le permitimos cosas que no son lo “habitual”, pero con el tiempo se hizo a nosotras. Ganamos su confianza y poco a poco sintió que estábamos de su lado y que queríamos lo mejor para él.

Poco a poco se expuso a situaciones de estudios, hizo preguntas y aprendió. De solo aprobar una asignatura conseguimos que aprendiera, poco a poco, de todo. Estudiamos historia, matemáticas, lengua, inglés y demás asignaturas, todo a su nivel y entre dos al principio. No fue con mucho apoyo de sus profesores ordinarios, ya que muchos le daban por perdido, pero lo conseguimos poco a poco a pesar de todo. La alianza y vínculo que creamos él, Ana y yo, fue genuina e incluso conseguimos salir de paseos. Gracias a, entre otras cosas videos de Youtube, cogió confianza y logró regresar a varias clases ordinarias en tan solo un año y medio. Para llegar al punto más bajo tardó ocho años de educación normal, ¡pero lo recuperamos!

Desafortunadamente, tanto esfuerzo fue en vano para lo que iba a venir. Toda esa confianza y trabajo duro se fue en una media hora cuando otra profesora (que le tenía manía desde el primer día) desconfió en él, destruyéndose todo el trabajo realizado. Ella había leído un artículo sobre el cannabis y cuando Emilio fue a hacer un examen oral con ella le dio por pensar que había fumado cannabis antes de clase. En vez de preguntarnos a nosotras, las que pasábamos todos los días, todas las horas con él, se fue directamente al director que, también sin preguntarnos a nosotras, llamó a la policía y a los padres. El test dio negativo y le perdimos. Terminó sus últimos 6 meses en la escuela obligatoria sin hacer nada, sin mirar a ningún adulto, con mala actitud, sin confianza y sin aprobar ninguna asignatura…

¿Cuál es el primer objetivo de la enseñanza?

Colocar más problemas en lugar de soluciones

Como vemos en esta experiencia que nos relata Felicia, lograron llegar a Emilio creando confianza, a pesar de las dificultades con las que se encontraron. Tanto Felicia como su compañera crean condiciones que con la confianza y la adaptación a Emilio se convierten en una cadena de ayuda y apoyo para ayudar a Emilio a tener éxito, a confiar en sí mismo. Ellos no ponen más trabas a Emilio e incluso alguna vez hacen algo “prohibido” para tener éxito.

Luego se rompe esa confianza a través de culpabilizar a Emilio de un delito, del cual, además, era inocente (atribución incorrecta y colocación de filtros morales). Incluso si Emilio se hubiera fumado un porro uno podría reflexionar sobre el mejor plan de actuación en este caso. En todo caso hubiera sido más sensato, como señala Felicia, hablar primero con aquellos que estaban cerca de Emilio para preparar un plan de actuación que en primer caso tenga como propósito ayudar a Emilio sin romper todo el trabajo realizado y los éxitos conseguidos.

No obstante, yo estoy convencido de que el trabajo y el amor de Felicia y Ana seguro que perdurarán en el interior de Emilio, porque esta es la fuerza de las personas significativas que dejan huella en nosotros, que se colocan dentro de nosotros y nunca nos abandonan.

Un fuerte abrazo a todas ellas… y aquellas que lo intentan 😉 … porque cada uno lo hace lo mejor que puede.

Escrito por Felicia Sánchez Hermansson y Alberto Sánchez García.