Obedecer: Cumplir la voluntad de quien manda (autoridad), ceder con docilidad a la dirección que se le da (animal), ceder al esfuerzo que se hace para cambiar su forma o su estado (cosas).

Autonomía: (Derecho) Capacidad de los sujetos de derecho para establecer reglas de conducta para sí mismos y en sus relaciones con los demás dentro de los límites que la ley señala.

[Real Academia de la Lengua]

 

Obediencia y picaresca

La semana pasada estuve leyendo un artículo muy interesante de un periodista sueco (Mats Björkman; Sydkusten) afincado en España que hablaba sobre la forma de ser de los españoles. Comentaba que los españoles teníamos una tendencia a saltarnos las normas muy a menudo bajo el argumento de que “bueno, al fin y al cabo, lo hacen todos”. También podríamos hablar de picaresca. Esto no me lo puede negar nadie. Lo paradójico y cómico de todo esto es que al día siguiente saliese en todos los medios informativos imágenes del mismísimo expresidente del gobierno de España haciendo deporte por la calle sin ningún reparo y saltándose las normas básicas de confinamiento. ¿Cómico? Si el propio expresidente del gobierno se salta las normas y reglas que tenemos, ¿por qué no lo voy a hacer yo? ¿Por qué voy a pagar mis impuestos? ¿Por qué voy a obedecer las reglas y normas? ¿Hacemos lo que nos dicen o lo que vemos?

Este periodista cuenta que un día organizó un cumpleaños en la piscina comunitaria y pidió permiso a la comunidad. Cuando acabaron la fiesta se acercó un vecino y le dijo que no podía hacerlo más, porque después vendría otra familia que no recogería. Así que para asegurarnos del cumplimiento de las normas y de la responsabilidad individual lo que solemos hacer en España es intentar ponernos muy duros y extender duramente las normas a todos, lo que conocemos como “pagar justos por pecadores” o “matar moscas a cañonazos”. De esta manera creamos un sistema muy duro de disciplina y de obediencia, por cierto, muy poco eficiente, donde muchos se saltan las normas y reglas. ¿Te suena? ¿Por qué falla?

Como decía un colega mío, quizás estemos todavía muy condicionados por nuestra historia y educación. Tenemos ante nosotros una larga historia de desencuentros, desconfianza y lucha entre nosotros:

[…] a confiar y a desconfiar se aprende como consecuencia de repetidas interacciones sociales, como explica la doctora en Psicología de la Universidad Complutense, María Luisa Vecina, es “lógico” que los españoles se muestren desconfiados hoy, ya que “acumulan experiencias negativas donde se ha traicionado su confianza”. El hecho de que no se les haya aplicado “el castigo social correspondiente” a los que han actuado egoístamente aprovechándose de la confianza depositada en ellos no favorece el clima de confianza.

El País; “Con la picaresca en el ADN”, 2013. 

Obediencia y desconfianza

La desconfianza se desarrolla por un choque entre nuestras expectativas (que nos traten bien) y las consecuencias (consecuencias negativas). Y la obediencia incomprensible e injusta es uno de los factores que facilitan la desconfianza y la desobediencia, dado que esta obediencia se basa en un doblegamiento injusto de la propia voluntad, y en muchos casos, de nuestros propios derechos. Yo pienso que la obediencia comprensible, si la hay, es aquella que se basa en la colaboración y la confianza mutua, no en el miedo. El miedo a las consecuencias negativas por no obedecer, a perder una relación significativa, la identidad o nuestro sentimiento de pertenencia (soledad y aislamiento), convierte en muchos casos la obediencia en docilidad y norma. El miedo, como nos recuerdan constantemente las películas de Star Wars, es una puerta al “lado oscuro”, es decir, al odio, a la ira, a la obediencia ciega y a los populismos.

«El odio y la desconfianza son los hijos de la ceguera»

-William Watson-

La obediencia ciega se sustenta en la desconfianza, en la incapacidad de confiar en el otro, de verlo bajo sus propias premisas, en el establecimiento del miedo para el que obedece se doblegue, etc. Aquí poco espacio queda para el pensamiento crítico y reflexivo, para la autonomía, la responsabilidad, la reciprocidad y la confianza. Un buen bombero sabe lo importante de entender los roles, las normas, la estructura, la seguridad… aun así la obediencia a sus líneas de actuación está condicionada por la confianza y la colaboración, no por la obediencia ciega y el miedo a sufrir represalias.

Obediencia y educación

Uno de mis hijos vino a casa un día llorando porque la profesora le había dicho que “si no hacía los ejercicios como le decía le iba a cortar la cabeza”. Realmente nos podemos reír de esto y entender que la profesora es así y que lo decía metafóricamente y de broma, o eso esperamos, pero la vivencia de mi hijo ese día fue dramática y real. Sentía miedo, vergüenza, humillación, incomprensión… Y esto es muy serio. A menudo en la escuela se castiga a los niños para que estos obedezcan, pero así los niños solo obedecen por miedo a las represalias, y este miedo no es una condición positiva de aprendizaje, es decir, no se activan mecanismos superiores de pensamiento, por no hablar de la influencia que tiene en la autonomía y otros rasgos importantes para el desarrollo del niño. Hasta los niños con grandes discapacidades intelectuales se dan cuenta de la necesidad de lavarse los dientes simplemente creando significatividad en la rutina de lavárselos sin la necesidad de imponérsela u obligársela.

Para mis hijos fue muy duro entrar en el sistema escolar español, el cual percibían como mucho más autoritario y disciplinado que el sueco. Para ellos es todavía incomprensible que tengan que copiar tanto, escribir todas las preguntas de un libro, la importancia de ciertos contenidos, que se le de tanta importancia a la repetición y a la estética y que tengan que responder a las preguntas literalmente sin espacio para la propia expresión y comprensión. Por no hablar de muchos castigos (que principalmente han vivido de forma colectiva) que no tienen tanta visibilidad, o no existen, en la escuela sueca.

Lo más triste de todo esto es que, según muestra la experiencia, el sistema educativo que tenemos no garantiza que nuestros hijos tengan mayores probabilidades en España de ser más disciplinados, responsables, independientes, autónomos, colaboradores y “buenos” ciudadanos en el futuro. Este sistema tampoco garantiza que vayan a tener mejores herramientas para manejar los desafíos del futuro. Tampoco es probable que la obediencia sea un atributo que vayan a escribir en sus currículos ni algo que vayan a pedir en las empresas en las que trabajen.

Entiendo a los padres y a los profesores, como educador conozco y tengo muchos amigos docentes, y creo que todos lo hacemos lo mejor que podemos. Entiendo que hemos mamado unas pautas culturales y que no hayamos recibido herramientas para sustituir tanta obediencia y castigo, pero debemos de dejar de intentar someter a los niños con miedo, autoridad y obediencia. Quizás esta crisis pandémica nos ayude a entender que si queremos mejorar la Educación debemos de aprender a contagiar y promover la confianza, la colaboración, la autonomía, y todo esto no lo vamos a conseguir a través de estrategias y modelos de interacción basados en la obediencia, el control y el castigo.

Autonomía y confianza

Para crear autonomía debemos de utilizar herramientas que faciliten que los alumnos puedan desempeñar tareas por sí mismos (también pensar), al mismo tiempo, la autonomía se promueve si las tareas a realizar son comprensibles, manejables y significativas (ver por ejemplo el modelo Montessori, el aprendizaje cooperativo o la enseñanza estructurada). Para crear confianza tenemos que ser empáticos, pacientes, tolerantes y crear buenas relaciones y tareas que cumplan los criterios señalados anteriormente.

En el campo de los estilos parentales y educativos se ha investigado mucho sobre estilos autoritarios (donde la obediencia y la disciplina son estrategias fundamentales) y democráticos, no obstante, más interesante aún son aquellos estudios más modernos, como los de la psicóloga americana Wendy Grolnick (2002), donde concluye que los estilos parentales más efectivos son aquellos donde predomina la autonomía (contra el control y la obediencia), la estructura (contra el caos y el desorden), la calidez (contra la frialdad) y el compromiso de los padres (contra la ausencia).

La Educación del futuro

Más que nunca tenemos que cuestionar cómo y qué enseñamos; por eso te voy a animar y pedir que respondas a tres preguntas y que por ti mismo respondas a lo que es importante.

Responde, brevemente, a cada una de las siguientes preguntas, en orden y si es posible una a una, y manda tus respuestas a mi correo alberto@proximal.es, como comentario privado o siguiendo el siguiente enlace: formulario de Google. Cuando consiga suficientes respuestas analizaré las respuestas y será interesante saber cómo pensamos:

  1. ¿Cómo te imaginas tu mundo ideal?
  2. ¿Qué tipo de capacidades, habilidades y competencias son necesarias para hacer posible tu mundo ideal?
  3. ¿Qué cosas habría que cambiar y enseñar, ya mismo, en el colegio, en los hogares, para ir construyendo ese mundo ideal?

Si contestas a estas tres preguntas me ayudaría que me escribieras tu edad, provincia (país), sexo y profesión. Tus datos se tratarán de forma confidencial si me envías tu respuesta de forma privada.

Gracias por tu colaboración y que tengas un buen día.

Fuente del artículo en sueco: https://www.sydkusten.es/engine.php?articleId=28610&sectionId=242

Escrito por Alberto Sánchez García.