Los problemas en el aula son variados y las respuestas a estos problemas se deben atender desde una perspectiva sistémica y grupal, dado que las dinámicas grupales se producen en el grupo de alumnos. Además, si queremos llegar a todos nuestros alumnos y existe una gran variabilidad, cosa que es normal teniendo en cuenta las diferencias individuales, debemos de reflexionar sobre cómo gestionar esa variabilidad. Todo profesor tiene que gestionar esta variabilidad, unos lo hacen más o menos conscientemente, más o menos estratégicamente. Algunos son más eficientes que otros a la hora de incluir a los alumnos que muestran más dificultades y conductas desafiantes.

En este artículo vamos a presentar un modelo que nos ofrece una forma de comprender y manejar la diversidad e incluir a los alumnos con más necesidades partiendo de una clasificación de los alumnos en tres grupos: alumnos desafiantes, alumnos nucleares y alumnos ambivalentes.

Formar un grupo con alumnos difíciles.

Crear una buena dinámica en un grupo cuando tenemos alumnos que muestran grandes dificultades o problemas de conducta puede ser una tarea ardua. Muchos profesores no tienen tiempo para apoyar a esos alumnos y muchos opinan que es responsabilidad de otros. Y sin tomar esa responsabilidad apenas es posible influir. Además, por regla general, los alumnos que crean más problemas son aquellos que despiertan sentimientos más negativos y es muy difícil sentir empatía por ellos.

Para poder adaptar las clases para las personas que tienen una gran necesidad de apoyo primero habría que trabajar con el grupo. Si un profesor tiene más de un par de alumnos que tienen difícil cumplir su rol de alumno, y comportarse como uno se espera, entonces uno debería de pensar en términos psicológicos y grupales cuando se planean medidas. Kurt Lewin (1973), uno de los grandes investigadores de los procesos grupales, incidió en que un grupo se caracteriza sobre todo por una interdependencia mutua entre los individuos, más que si los miembros del grupo son o no son de una determinada forma. Si consideramos al grupo como un sistema entonces el líder, en este caso el profesor, es el encargado de regular los límites del grupo a través de escuchar y ver tanto al grupo como a su alrededor. Límites demasiado rígidos y un estilo autoritario pueden poner en riesgo la motivación, la creatividad y la energía del grupo.

Si tenemos alumnos que ponen a prueba los límites es mejor considerar esos límites como si estuvieran hechos de una banda de goma, es decir, que se pueden doblar pero no romper, incluso aunque existan fuertes presiones. Estos límites pueden expandirse de una forma suave de forma que no ocasione ningún problema al alumno o a la clase. Esta banda de goma no suelta completamente al alumno sino que lo recoge y lo sostiene sin permitirle estar fuera de los límites y al mismo tiempo fuera del grupo y de su pertenencia. De este modo, cuando al alumno no se le presiona muy fuerte contra los límites entonces esperamos a que la banda de goma le devuelva de nuevo al grupo.

Tres categorías de alumnos

Dos psicólogas escolares suecas, Tuija Lehtinen y Jenny Jakobsson, en su libro Psykologi i klassrummet (Psicología en el aula, 2016), describen un modelo que nos ayuda a identificar diferentes roles entre los alumnos para poder utilizar estrategias para poder gestionar esas diferencias. Estas psicólogas parten de la siguiente clasificación:

Alumnos nucleares: son aquellos alumnos con los que de una forma rápida podemos tomar contacto y crear un vínculo, y que hacen lo que el profesor dice sin ser exageradamente amables y obedientes en casi todos los contextos.

Alumnos desafiantes: son aquellos alumnos que de una forma u otra se colocan fuera del grupo y desafían al profesor como líder. Pueden competir con el adulto sobre el liderazgo del grupo y a menudo tienden a, o quieren, llevarse la atención del grupo hacia ellos.

Alumnos ambivalentes: son alumnos que manifiestan una conducta ambivalente ante el liderazgo del líder y que por lo tanto pueden ser fácilmente manejados por los alumnos desafiantes. También suelen ser alumnos muy sensibles ante ruidos y perturbaciones externas.

Estrategias

Debido a las diferencias entre los alumnos es importante pensar de una manera que pueda incluir a todos alumnos en la misma clase. Así mismo, debemos de tratar de manera diferente a los alumnos en función de sus diferentes necesidades y habilidades. Una manera de trabajar con todos los alumnos es empezar velando por que los alumnos nucleares tengan una actividad y ocupación constructiva, dado que es hacia esta actividad constructiva hacia donde intentaremos desviar todo el tiempo la atención, dado que si desviamos la atención siempre hacia “el problema” el resto de los alumnos también se centrarán en ese problema y no hacia la tarea escolar. Lo que ocurre cuando un profesor orienta su atención hacia los alumnos desafiantes, por ejemplo, a través de sermones, riñas y lucha de poder con ellos, es que también se llevan con ellos la atención de todo el grupo. Un grupo que se queda atrapado en esa fase primaria de búsqueda de rol se parecerá a una máquina de centrifugar, por lo tanto, muchas de las energías se dirigirán a mantener los límites de la clase.

Cuando los alumnos nucleares están metidos en la tarea escolar entonces el profesor puede involucrar a los alumnos ambivalentes en la actividad. Mientras esto ocurre el profesor puede “soltar” un poco a los alumnos desafiantes. Los alumnos desafiantes son los alumnos con los que el profesor necesita trabajar extra para construir un buen vínculo y relación, pero esta construcción de la relación no puede ocurrir a costa de los alumnos nucleares y de su actividad. Cuando el profesor tiene éxito en crear un núcleo de trabajo de alumnos que tienen su atención en las tareas escolares, entonces se crea un clima positivo en el grupo y normas a las que los alumnos ambivalentes, y más tarde los alumnos desafiantes, podrán vincularse.

Quiero hacer una aclaración aquí, y es que cuando se dice que habría que ignorar ciertas conductas lo que se quiere decir es precisamente eso, que deberían de ignorarse ciertas conductas, no al alumno. Cuando los alumnos nucleares y ambivalentes están debidamente ocupados entonces el profesor tendrá tiempo para trabajar extra con la relación con los alumnos desafiantes. Esto será mucho más sencillo si los alumnos que trabajan se ayudan unos a otros, dado que esto nos dará tiempo extra que los alumnos con dificultades necesitan. Esta construcción de la relación con estos alumnos es un trabajo muy importante que retomaremos en otro momento, y que no puede interceder en el trabajo con el resto de alumnos.

A veces en las aulas existe un asistente que está colocado en la clase para apoyar al profesor que tiene alumnos con grandes dificultades. Si como profesor uno tiene un asistente en la clase, es este último quien tiene que ayudar a dirigir a los alumnos nucleares, es decir, los que trabajan. Esto será mucho más fácil si tenemos tareas estructuradas que los alumnos nucleares puedan realizar por sí mismos, apoyando a los alumnos ambivalentes si es necesario, para ello nos podrían ser útiles las estructuras cooperativas (ver aprendizaje cooperativo). A menudo ocurre lo contrario, es decir que los asistentes se “pegan” a los alumnos desafiantes para ayudarles mientras que el profesor se dirige al resto de la clase. Uno de los problemas más graves que he visto con este tipo de medidas, en las que los alumnos con dificultades se les “pega” un asistente, es que al final estos alumnos terminan vinculándose principalmente a este, no al profesor. Si no existe un buen vínculo con el profesor entonces estos alumnos no tienen la confianza y alianza necesaria para trabajar con sus profesores. Los profesores deberían de intentar hacer todo lo contrario, dado que son los alumnos desafiantes los que más a menudo necesitan ayuda, tiempo, y los conocimientos que aportan los profesores cualificados. Además, los alumnos nucleares tienen mucho más fácil cambiar de líder, de vínculo, que los alumnos desafiantes, los cuales pueden tener diferentes dificultades a la hora de establecer vínculos con otros. En este sentido, si no creamos un buen vínculo con estos alumnos, ¿cómo pensamos que van a escuchar y hacer como decimos?

Los alumnos desafiantes tienen una gran necesidad de concreción y claridad. Es importante que el profesor esté preparado para cuando el grupo entre en el aula, toda clase de inactividad y de espera puede poner en riesgo el que la atención del grupo se disperse. Lo mejor que puede hacer el profesor es estar en el aula antes de que los alumnos lleguen, dado que de esta manera tendrá la oportunidad de darles la bienvenida y de establecer un clima adecuado en la clase. Para ello es importante que la clase, lección o actividad esté organizada para que la mayoría de los alumnos puedan vincularse y dirigirse a ella.

Cuando se trata de descansos, recreos o actividades libres hay una idea generalizada de que a estos alumnos con dificultades se les puede dejar libres para hacer lo que quieran o jugar. Pero el caso es que para ciertos alumnos el juego libre puede ser lo más difícil que hay, más en caso de alumnos que estén en una fase de búsqueda de rol o de alumnos que tienen difícil con la interacción social. De esta manera les podemos exponer a situaciones que no pueden manejar y la vuelta a clase puede estar contagiada de los conflictos y estrés que estos alumnos hayan cargado durante ese tiempo libre.

En cuanto a la colocación de los alumnos podemos decir que los alumnos nucleares se pueden adaptar bien atrás en la clase, allí podrán tener más tranquilidad y contagiarse con el clima de trabajo. Además, ellos pueden trabajar de forma más independiente y sin necesidad de que el profesor esté encima de ellos. Uno debería colocar a los alumnos desafiantes adelante, allí el profesor estará más cerca para ofrecer su ayuda y apoyo, y además estos alumnos no necesitarán pasar por toda la clase para sentarse, con el peligro de alboroto que esto puede originar dada las dificultades de estos alumnos para cruzar la clase sin originar algún tipo de problema.

A veces tenemos que estar atentos de los roles que se depositan en algunos alumnos. A veces podemos pensar que si cierto alumno no está en clase no tendremos problemas, pero puede ocurrir que cuando ese alumno no está en clase, de todas formas, tengamos los mismos problemas. Esto puede ocurrir porque el rol (de saboteador) está en el grupo, indiferentemente de si depositamos ese rol en un alumno en concreto. Los alumnos toman diferentes roles en el grupo y si uno de los alumnos desafiantes no está en clase un día no es inusual que otro alumno tome ese rol ese día. Por todo ello, lo importante muchas veces es poder eliminar ese rol, no al alumno que carga con ese rol.

Para ir terminando este punto es importante incidir en hacia dónde dirigimos nuestra atención en la clase. Allí donde dirijas tu atención, posiblemente dirigirás la atención de tus alumnos. Muchas veces, cuando un profesor se interrumpe a sí mismo para reñir a un alumno, lo que ocurre es que los alumnos pueden percibir esto como más molesto que la propia conducta de su compañero. Esto implica que la conducta problemática muchas veces necesita ignorarse para mantener la atención del grupo en la tarea.

El profesor necesita trabajar preferiblemente de una forma que active la atención y participación de todos los alumnos en la clase. Dyan Wiliam (Embedded Formative Assessment: estrategias para la evaluación en el aula que impulsa la participación y el aprendizaje de los estudiante; 2017) recomienda diferentes técnicas con este propósito, por ejemplo, el que todos los alumnos tengan una pequeña pizarra (whiteboard) al mismo tiempo para poder mostrar la respuesta a una pregunta o cuestión. Esta técnica es utilizada muy a menudo en las clases cooperativas escandinavas. Un proyector también puede capturar la atención de todos los alumnos.

Crear relaciones en el grupo también trata de crear relaciones entre los alumnos y la asignatura de que se trate. La clase necesita poder sentirse única y especial. Necesita un sentimiento positivo de grupo, de pertenencia, donde el grupo en su totalidad tiene un lugar especial en el corazón del profesor.

Conclusiones

El trabajo en el aula cuando existen en el grupo alumnos con conductas desafiantes es un trabajo arduo, duro. Por ello, también es conveniente recuperar fuerzas y descansar.

Tenemos derecho a enfadarnos, no obstante, lo que debe de regir nuestras acciones es nuestra profesionalidad. Los alumnos desafiantes crean muchas molestias y levantan muchas emociones, por lo tanto, un enfoque muy adecuado para manejar eventuales problemas de conducta es el contacto de baja afectividad (los sentimientos se contagian).

Sin un buen vínculo con los alumnos que crean más problemas es difícil que estos colaboren. Un buen vínculo y la confianza aumentan el capital pedagógico. Aunque sea difícil, un buen camino para fortalecer todo esto es encontrar una manera de sentir que te gusta ese alumno de forma genuina, y como se suele decir, la empatía, el esfuerzo y dedicación suelen actuar en ese sentido.

Una buena dinámica de grupo es aquella que mantiene el foco de atención en la tarea principal.

Escrito por Alberto Sánchez García.