El modelo del estallido emocional que ha desarrollado Bo Hejlskov (Bo Hejlskov, 2009, 2014, 2015, 2018) está basado en las investigaciones que realizaron Stephen Kaplan y Eugenie Wheeler en el año 1983 sobre las diferentes fases en una tormenta de emociones, o como llamamos nosotros, el estallido emocional. Este modelo es un modelo imprescindible para entender qué ocurre cuando se desarrolla una escalada de un conflicto en donde se involucran fuertes sentimientos y emociones, y para poder manejar la situación de una forma profesional y adaptada a las diferentes fases en la escalada afectiva y al curso de acontecimientos.

Figura: Modelo del estallido emocional y de la regulación emocional (Bo Hejlskov, 2009-2018)

En esta figura donde se representa el modelo existen dos ejes principales, por un lado tenemos la intensidad afectiva (eje vertical), y por el otro el tiempo (eje horizontal), que representa las diferentes fases (cotidiana – o de calma, escalada, caos y desescalada) a las que se puede llegar en el transcurso de un conflicto. La línea horizontal que se haya en la mitad de la figura hace referencia al límite del afecto al que se puede llegar antes de que se alcance un estado de caos, a partir del cual, la persona no puede mantener el control sobre sí misma. Es precisamente en ese momento donde se producen las conductas más problemáticas (lanzamiento de objetos, gritos, patadas, conductas autolesivas graves, etc.). Por ello, uno de los propósitos del contacto de baja afectividad es no alcanzar dichos límites, dado que cuando la persona alcanza el caos ya no puede controlar su propia conducta, y menos aún, colaborar. Tampoco se aprende nada en ese estado. Como comentaremos más debajo de forma resumida, existen determinadas estrategias que son apropiadas para cada fase del curso de acontecimientos. No es lo mismo intervenir en el caso de que una persona esté empezando a alterarse, que cuando esa misma persona ha perdido totalmente el control, las estrategias en cada caso varían enormemente y debemos de adaptar nuestra conducta en consecuencia. Tampoco deberían de aplicarse estrategias para el cambio cuando lo que estamos haciendo es manejar una situación. En este sentido, un aspecto que no se recoge en esta figura es el trabajo preventivo que puede llevarse a cabo para que no se produzcan situaciones problemáticas. De esto hablaremos en otros artículos relacionados con la evaluación y el cambio. No obstante, también se puede trabajar de forma preventiva cuando se produce una escalada afectiva.

Como vemos en la figura puede haber una situación que desencadene el aumento de la intensidad afectiva (desencadenante del afecto), se puede tratar de una exigencia o de un intercambio de palabras, una situación que provoque que la intensidad afectiva, y el estrés, aumente provocando que la persona reaccione intensificando sus afectos. Son en esos momentos donde se pueden identificar diferentes señales de alarma que se traducen muchas veces en conductas estratégicas que son utilizadas por las personas para manejar el estrés (como por ejemplo conductas estratégicas autolesivas, ruidos repetitivos o conductas estereotipadas). En caso de personas que tengan dificultades neuropsiquiátricas (TDAH, autismo,…), discapacidad intelectual, u otro tipo de dificultades (dificultades para regular los sentimientos, para entender causa y consecuencia, para entender contextos complejos, etc.), las reacciones pueden ser mucho más aceleradas, intensas y frecuentes, por lo que se aconseja adaptar las exigencias, tranquilizarnos y centrarnos en que la persona recupere el control sobre sí misma (autonomía).

Sin querer profundizar ahora mismo en esto, lo retomaremos en otros artículos, es importante considerar los diferentes factores de estrés que pueden participar en esa escalada afectiva. Si bien un suceso, acción o situación puede desencadenar esa escalada afectiva (factor de estrés situacional), no menos importante serán aquellos factores de estrés básicos que contribuyen de forma más camuflada a esa escalada afectiva. Son factores que están ahí presentes y más permanentes durante un tiempo prolongado de tiempo y que contribuyen a que se produzcan esas conductas que crean problemas, entre ellas, estallidos emocionales. En este sentido existen factores de estrés básicos personales (como la dificultad de una persona para interpretar su entorno, lo cual produce estrés diariamente, dificultades del sueño, de la comunicación, de concentración, sentimientos de soledad, etc.) o ambientales (problemas familiares, mucho ruido en el entorno, falta de estructura, etc.). Muchas veces solemos centrarnos en los factores situacionales, a lo que a menudo denominamos apagar fuegos, no obstante deberíamos de trabajar de forma preventiva con los básicos (Bo Hejlskov, 2014; 2018). De esta manera, al existir menos estrés, el factor desencadenante no tiene el mismo impacto en la conducta y podemos exponer a la persona a exigencias que de otra manera no podrían gestionar. No atender el campo preventivo suele ser un gran error habitual, es como intentar acabar con una enfermedad centrándonos en crear una vacuna y sin preocuparnos de que la población no se contagie.

¿Qué podemos hacer en una escalada afectiva?

Tabla: Resumen de las diferencias estrategias a aplicar en las diferentes fases de una escalada afectiva y la regulación emocional (Bo Hejlskov, 2009-2018).

Para que os hagáis una idea de las diferentes estrategias que podemos utilizar podéis leer la tabla de arriba, la cual describe las diferentes fases del modelo del estallido emocional y algunas de las diferentes estrategias que se pueden utilizar en cada fase. No es el propósito de este artículo profundizar en cada una de estas estrategias ni hablar de todas ellas, dado que sería muy extenso, no obstante, nos ofrece una buena visión general sobre cómo podemos pensar y actuar. Es importante tomar estos consejos con cautela, profesionalidad y adaptando a la situación de cada uno. Por ejemplo, la fase de recuperación no se produce de igual forma en todos los niños, incluso la misma persona se puede recuperar más pronto un día que otro dependiendo de otros factores, con lo que debemos de adaptar las estrategias de la fase de recuperación a la persona y a la situación concreta. Investiga, practica y evalúa.

Antes de terminar, una importante consideración. Cuando te veas inmers@ en un conflicto del tipo del que tratamos aquí, y pienses que tú hijo, alumno, o la persona que cuides no puede ganar, que tiene que haber consecuencias, y cosas del estilo, piensa que lo mejor muchas veces es terminar un día sin conflictos, sobre todo para aquellas personas que viven cotidianamente con ellos o con un alto grado de estrés (ej. personas con necesidades especiales). Quizás lo más sensato sea pensar cómo manejar la situación la próxima vez, o cómo crear condiciones para que no vuelva a ocurrir lo mismo de nuevo. ¿Hay que revisar las exigencias? ¿O cómo las hemos colocado? Muchas veces, de forma errónea, pensamos que si la persona se sale con la suya, entonces va seguir haciendo lo mismo la próxima vez. No obstante, si fuera tan fácil recompensar las conductas negativas, lo sería también reforzar las conductas positivas, por desgracia, esto no es así. Es más sabio pensar que si pasamos un día sin conflictos, para empezar, lo que reforzamos es que la persona está tranquila; la próxima vez, quizás la persona tenga más confianza en nosotros (mayor capital), en los demás, en sí misma, en la vida, y tenga la expectativa de que el día siguiente va a salir bien, de nuevo. O como Bo Hejlskov suele expresar, «mejor helado que conflicto».

Para terminar, y para completar este artículo con un ejemplo, y dedicado especialmente para aquell@s que tienen más ganas de leer, os presento un ejemplo. Andreas, un niño que, a pesar de no tener diagnóstico, ha sacado mucho provecho del contacto de baja afectividad:

CASO ANDREAS

ANDREAS NO QUIERE IR a clase de guitarra (suceso desencadenante), se retuerce y dice que no. Andreas tiene 12 años. Sus padres intentan convencerle y le recuerdan la cuota que pagan todos los meses, además, es un esfuerzo que hacen con sus dos hijos. Andreas no responde, mira hacia otro lado y se inquieta. Deambula hacia delante y hacia atrás (señales de alarma). No quiere perder la clase de guitarra, pero tampoco quiere ir este día. Su padre, Lucas, coloca a Andreas sobre sus límites, pero sin llegar a sobrepasarlos. Después, tras comprender que Andreas está totalmente convencido de no ir a gimnasia, decide retroceder. Como quedan unos minutos para el límite del tiempo para poder llegar a la clase de guitarra, la madre de Andreas, Lucía, se pone de acuerdo con Andreas en que se quede un poco en la cama y que unos minutos más tarde le llamará para ver si está más dispuesto para ir a la clase de guitarra (desviación activa). Después de unos minutos Andreas parece igual de cansado y determinado en su idea de no ir a clase de guitarra. Al final se queda en casa, hace los deberes más tarde, ojea unas revistas y está con el móvil… también juega un poco con su hermano. Ese día Andreas se acuesta más pronto de lo habitual. Lo más probable es que Andreas hace lo mejor que puede. Ese es un estupendo punto de partida a tener en cuenta en el trabajo pedagógico.

Es muy probable que muchos padres hubieran obligado a Andreas a ir a clase de guitarra, porque consideran que tiene que tomar la responsabilidad e ir a clase de guitarra porque él lo decidió, porque todos estaban de acuerdo, porque la familia hace un esfuerzo por pagar las cuotas o porque uno no puede hacer simplemente lo que quiera. Lo más probable es que Andreas hubiera tenido un estallido emocional si los padres hubieran insistido y le hubieran obligado. Lo cual saben por experiencia, y evitan en el futuro. Pero sin andar de puntillas y colocando la exigencia de una forma adecuada. Andreas no aprendería nada de tener un estallido emocional y de sentirse fuera de control.

Andreas es un niño que desde pequeño ha mostrado claras dificultades para regular sus afectos, sobre todo cuando estos son intensos, también muestra dificultades con la flexibilidad, los cambios, la concentración y para comprender causa y consecuencia en contextos complejos. Sus padres siempre se lo han tomado con mucha calma y pedagogía con él, y han llegado muy lejos. Andreas no tiene ningún diagnóstico y además es un chico muy inteligente, social y enérgico. Es posible que con un estilo de crianza más autoritario y desafiante Andreas fuera hoy un niño con un diagnóstico y muy problemático, porque la vulnerabilidad está ahí. Muchas veces, no siempre, se colocan diagnósticos cuando los métodos que utilizamos no funcionan…

Los padres de Andreas han intentado hasta el final que Andreas fuera a clase de guitarra, pero en ningún caso han puesto a Andreas más allá de sus límites. No ha ido a clase de guitarra, pero no es algo que suceda todas las semanas, ni algo por lo que el mundo se tenga que hundir. Alguna vez ha pasado, cuando Andreas se sentía muy cansado. Y este era el caso, lo cual se demuestra con el hecho de que Andreas se acostara tan pronto.

Durante las semanas siguientes Andreas va a clase de guitarra, como de costumbre. ¡Mejor helado que conflicto!

Escrito por Alberto Sánchez García.