El problema es que a menudo el personal no ha recibido sus cajas de herramientas llenas durante sus estudios. Han recibido algunas herramientas aisladas con las que han practicado para poderlas dominar, pero independientemente de lo bueno que tú seas para manejar un tornillo con un destornillador vas a fracasar si la misión es cortar una tabla de madera por la mitad. Tú atornillas y atornillas, pero nada ocurre. (“Manejar, evaluar y cambiar” Bo Hejlskov, 2018).

No hace mucho tiempo, en una reunión con los padres de un colegio, el director decía lo siguiente:

 “Cuando ya no se puede hacer nada, los mandamos a sus casas y que sus padres los aguanten”.

Si en todos mis años de trabajo en las escuelas, en Suecia, se me hubiera ocurrido decir algo así en frente de los padres de los alumnos de un colegio, es muy posible que hubiera sufrido algún tipo de reprimenda o de consecuencia por parte de mis jefes, compañeros o de la administración. De hecho, tuve la oportunidad de charlar sobre esto con mi anterior jefe (coordinador de equipos centrales de salud escolar), con un rector de un colegio y con un antiguo político relacionado con la educación, todos ellos suecos que habían venido a pasar unos días en España, y todos me comentaron que el suceso sería portada en los periódicos al día siguiente, en Suecia.

Se supone que la escuela tiene que velar por incluir a los alumnos que tienen más dificultades, así mismo, debe de crear buenas relaciones con los padres y contar con procedimientos y herramientas para manejar las diferentes dificultades con las que se pueden encontrar en el día cotidiano (proyecto educativo, plan contra el mobbing y el absentismo escolar, planes de actuación, etc). Por ello, sería más profesional dirigirse a los padres y transmitir una posición positiva a través de centrarse en comunicar los diferentes procedimientos y herramientas con los que cuenta la escuela para gestionar los diferentes problemas que puedan surgir. Realmente no añade nada decir que mandarán a casa a los niños con los que no pueden hacer nada. También sería más apropiado que los propios componentes de los equipos de orientación presentaran su propuesta de trabajo.

Cuando tenemos métodos que funcionan

Un contraejemplo a este tipo de posición y actitud lo encontramos en un colegio público de Suecia, Malmaskolan. Hace algunos años tuve la suerte de entrevistar a su director, Johan Hallberg. Johan es un director que ha recibido mucho reconocimiento en Suecia por la forma en la que afrontan las dificultades que se presentan en la escuela y por su estructura de trabajo en torno al equipo de salud (Modelo de Kolsva). Su escuela en el año 2015 había conseguido durante tres años que TODOS sus alumnos superaran con éxito los estudios de educación secundaria para poder proseguir con sus estudios. Este director decía: “Nosotros probamos de muy diferentes maneras […], hasta que al final encontramos una solución, porque al final tiene que funcionar”. Johan Hallberg terminaba esta frase agitando su mano al aire y enfatizando la posición de triunfo y de no rendirse. Lo podéis ver aquí abajo en el video-resumen que realicé de la entrevista. La misma actitud tiene una rectora de una escuela finlandesa con la que mi mujer tuvo la suerte de trabajar durante un largo tiempo. Esta rectora dirige una escuela que está situada no muy lejos de Estocolmo, en Mariefred (Gripsholm School) y ha obtenido un gran reconocimiento por su labor educativa e inclusiva.

Las buenas relaciones crean orden en la escuela. Johan Hallberg

Observación: en el video hablamos de escuela de primaria, no obstante nos referimos a la de primaria y secundaria en España (7-16 años). En Suecia se habla de escuela básica (grundskolan).

Yo, que he trabajado muchos años en diferentes equipos de salud escolares (algo parecido a lo que son los equipos de orientación escolar en España) entiendo las dificultades que se tienen con muchos alumnos en las escuelas, entiendo que los profesores se enfaden y que exijan en muchos casos más disciplina, más recursos, que los padres eduquen mejor, que algunos alumnos estén en otros sitios, que las cuestiones emocionales y de conducta las resuelvan otros actores, etc. No obstante, la escuela tiene que velar por tener cajas de herramientas relevantes y profesionales para atender a la diversidad, los problemas de conducta u otro tipo de asunto cuya responsabilidad recaiga en la escuela. El colegio tiene que velar por conocer y comprender las necesidades de sus alumnos para poder así hacer frente a esas necesidades con las herramientas y estrategias apropiadas para esa tarea. No habría que esperar a que se realicen evaluaciones psicológicas u otros procesos parecidos para empezar las adaptaciones que sean oportunas en cada caso. La escuela no tiene que ofrecer tratamiento, ni los profesores u otros actores necesitan ser psicólogos, lo más importante es tener buenas herramientas para poder adaptar, compensar y ganarnos la confianza de la persona en cuestión. O como describe Bo Hejlskov (2018):

Uno necesita revisar los elementos organizativos de la institución para favorecer que todos los eslabones de la cadena de apoyo y asistencia se ajusten suavemente.

La solución a muchos de los problemas de la escuela pasa por tener una actitud abierta, positiva y profesional. Ser profesional significa intentar ver al alumno desde su propia perspectiva, entender que muchas veces no se trata de una cuestión de voluntad, de que sea testarudo, mal educado, sino más bien es una cuestión de no poder (capacidad), más si cabe en los casos donde existen señales inequívocas de algún tipo de dificultad especial. Ser profesional significa tener herramientas relevantes y actuales para manejar los problemas de conducta y de aprendizaje. Porque cuando tenemos herramientas y métodos que funcionan los utilizamos y tomamos la responsabilidad, cuando no es así, nos libramos de esa responsabilidad, muchas veces con consecuencias catastróficas.

Equipos de salud y equipos de orientación escolar

Otra solución pasa, pienso yo, por un refuerzo y cambio de perspectiva de los equipos de orientación, o de salud escolares, y por una mayor cooperación entre estos equipos y el resto de los actores educativos, dado que es habitual que exista una fricción por el hecho de que estos profesionales se meten en el trabajo de los pedagogos y no existe un verdadero acuerdo sobre el tipo de medidas y de propósitos en la labor escolar y académica. En este sentido es importante que los equipos de orientación tengan mayor visibilidad y puedan ejercer mayor influencia. Tenemos que entender la enseñanza como un proceso interdisciplinar, donde se atienden de igual forma los aspectos académicos, emocionales y sociales del alumno. Es decir, como un proceso transversal. Más importante que llevar a cabo programas o cursos de mindfulness o de inteligencia emocional en la escuela, que están muy bien, es establecer buenas relaciones con los alumnos y fortalecer la confianza por nosotros en el día cotidiano, sobre todo de aquellos con los que resulta más difícil. También es importante adaptarse a las diferentes necesidades de los alumnos, utilizar métodos que aumenten la autonomía y la inclusión y crear procedimientos efectivos, en colaboración con los equipos de orientación o de salud, para dar respuesta a las diferentes dificultades y desafíos que se presentan en la escuela. El trabajo de estos equipos debe de ser principalmente preventivo.

En Suecia existe una pequeña ventaja en este sentido, y es que los equipos de salud empiezan en la propia clase, con el profesor, y tienen visibilidad. El equipo de salud consta de un equipo local en la escuela que tiene sus rutinas (reuniones semanales, procesos, protocolos, planes…), miembros y un líder (el rector del colegio); y un equipo central de personas que trabajan entre las escuelas (en los equipos locales) y la administración más central (consejerías). Como dice Johan Hallberg en la entrevista:

Suecia tiene en lo referente a los equipos de salud escolares, quizás una de las mejores estructuras de todo el mundo, pero nos solemos fijar más en el rendimiento académico o en el informe PISA que en el bienestar de las personas.

Esto no significa que en Suecia las cosas funcionen sobre ruedas, porque tampoco es así. En mi familia tuvimos viviendo en casa, durante un tiempo, a un joven que tenía grandes dificultades de aprendizaje y de comunicación. Esta persona tuvo mucho apoyo por parte mía y de mi mujer, que es pedagoga, y se desarrolló de forma casi mágica (como nos decían desde el colegio), el problema es que esa responsabilidad la tomamos nosotros porque la escuela se liberó de ella.

Más adelante

Quisiera en otro artículo presentaros el modelo de los equipos de salud con el que se trabaja en Suecia, creo que es una estructura que ha tenido mucho éxito y que quizás debería de tener mayor reconocimiento internacional. Considero que si uno coge la esencia del modelo este puede aplicarse a cualquier institución académica. No es una cuestión de recursos, es más bien una cuestión de conocimientos, compromiso y atención por los derechos de los niños y jóvenes, la diversidad y la responsabilidad que tenemos de crear las mejores condiciones de aprendizaje y de desarrollo para TODOS los alumnos.

Un buen ejemplo práctico de muchas de las cuestiones que hemos abordado en este artículo lo podréis ver en el siguiente artículo. Además, utilizaremos ese mismo ejemplo para entender cómo abordar algunas de las conductas que crean problemas en la escuela desde el enfoque del contacto de baja afectividad. Personalmente también quiero utilizar este caso, del cual he obtenido el permiso de los padres, para reivindicar una mejora en la atención que se hace de las personas que tienen necesidades especiales, tengan estas diagnósticos o no. No quiero con esto atacar a personas concretas, sino prácticas que deberían de revisarse para promulgar métodos relevantes, profesionales, y lo no menos importante, prácticas centradas en la persona (o éticamente aceptables).

Curiosidad

¿Sabéis por qué he utilizado la imagen de la mujer, el niño y las pompas de jabón? ¿Y de qué forma la imagen está relacionada con el tema que toca? Bo Hejlskov describe en uno de sus libros el caso de un niño muy inquieto que cada cierto tiempo necesitaba abstraerse y calmarse. Para ello se acordó construir una pequeña taquilla, a la cual solo tenía acceso este niño, en el pasillo que daba entrada al aula. Como se había descubierto que hacer pompas de jabón tranquilizaba a este niño se decidió construir esa taquilla y colocar en ella un bote para hacer pompas de jabón. Así que cuando este niño se inquietaba mucho en la clase salía hacia afuera y hacía pompas de jabón. Quizás para muchos sería un problema permitir algo así, no obstante, en esta escuela fue posible y pudieron ayudar e incluir a este niño de una forma muy sencilla. El método funcionaba, le ofrecía autonomía, creaba confianza en la escuela, le ayudaba a relajarse y a recobrar el control y, sobre todo, aumentaba su calidad de vida; los ingredientes fundamentales de nuestro enfoque.

Escrito por Alberto Sánchez García.